Un tonto con un libro y un sabio queriendo leer.

José era un joven de 18 años, no sé si llamarlo apasionado por la lectura o sólo por leer, tenía muchos libros y la oportunidad y el dinero para comprar muchos más, había leído varios de ellos, y presumía de cuanto había leído y mucho de lo que sabía de historia, geografía y cultura general, aparentemente era un sabelotodo, tenía respuesta para todo lo que pudieses preguntar y se ofrecía a brindarle ayuda a cualquiera de sus amigos, para poderle explicar cómo debía actuar ante la situación o dificultad que estuviera pasando y lo que debía hacer para salir de ese problema. Quería aconsejar y decirle a todos cómo debían comportarse, como debían pensar y como él nunca podría equivocarse pues los libros le habían enseñado demasiado. 

Un día hablando con uno de sus amigos llamado Juan, y explicando lo importante que era tener buenos hábitos, y lo fundamental de leer para ser cada día más inteligente, le dijo que le prestaría un libro que tenía que leer pues era el mejor libro que había leído. Jóse, fue de prisa y buscó este libro para prestarlo a Juan con el único requisito que al finalizar de leerlo, Juan y él se reunieran para conversar sobre lo más importante que había descubierto en el libro. Juan aceptó el trato y José le prestó el libro. 

La portada era bastante atractiva y tan pronto Juan llegó a su casa y cenó se puso a leer, página a página leyó y tomó apuntes de cada una de las frases que le llamaban la atención, realizó cada uno de los ejercicios y en unas cuantas semanas había leído y releído el libro extrayendo las ideas más importante y tomando un gusto especial por la lectura y por el desarrollo personal que antes no había experimentado.

Llegó el momento de devolver el libro a José, sabía que sería un momento incómodo, debido a  que seguramente le pediría detalles del libro, pero Juan tenía algo muy claro, debía devolver ese libro y pedirle otro a José para seguir aprendiendo. Se reunieron ambos y José le preguntó que le había parecido el libro y cuál era su aprendizaje, entonces Juan dió detalles de la experiencia tan importante que alcanzó con el libro. Mientras comentaba, José lo interrumpió y le dijo que no era necesario que siguiera, él conocía perfectamente el libro y no podía enseñarle nada sobre eso.

Juan aprovechó la oportunidad para pedirle un nuevo libro a José, así podría seguir leyendo y aprendiendo, y José aceptó, así pasó durante un año y Juan no dejaba de leer y de aprender. Mientras que José seguía presumiendo de cuanto sabía, Juan estaba seguro que José sólo leía los libros, no vivía, ni asumía los desafíos que estos presentaban. 

Pasados 15 años, Juan y José se reencuentran, se saludan y aprovechan de ponerse al día sobre sus vidas, Juan ha formado una familia, tiene su esposa, dos hijos y es un profesional exitoso con muchos proyectos, sigue formándose para mejorar cada día, ayuda a muchas personas y además ha creado una fundación para personas con adicciones.

José en cambio, continúa viviendo con su mamá, comenzó varios estudios universitarios,  no terminó ninguno, tiene trabajos momentáneos, no ha logrado tener una enamorada para casarse y vive día a día sin importancia, sin ver más allá de sus narices.  

Juan se convirtió en un libro abierto a la vida, un libro real, un libro que saca provecho de las situaciones y mucho aprendizaje de cada momento no sólo de los libros sino de la vida misma; En cambio José se quedó como sus libros, en una biblioteca privada, sin aplicar la sabiduría a su vida y sin aprender de las experiencias de la vida, para él era más fácil dirigir la vida de los demás que tomar la dirección de su propia vida. 

Quiero terminar esta publicación evocando una frase de Confucio, Aprender sin pensar es Inutil, Pensar sin aprender es peligroso. Eres de mi equipo si conviertes cada lectura en un viaje, fotografías y hasta radiografías tu alma con lo leído, sumas experiencias y te haces más sabio.

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